domingo, 21 de febrero de 2016

Origen del Nombre e Historia de el Callejón del Muerto (según Mariano de Jesús Torres)

Cualquiera que haya conocido Morelia antes de que fuera destruido el muro y capillas que rodeaba el cementerio de San Francisco para trasladar el mercado que existía en la Plaza de San Juan de Dios, después Plaza de la Paz (actual Plaza de Melchor Ocampo), recordará perfectamente que el muro de dicho cementerio que veía al norte, formaba un callejón con el frente de las fincas que miraban al sur.
Ese callejón era sumamente estrecho y por lo mismo, sombrío; de ahí es que aun cuando estaba bien enlosado y empedrado, era poco transitable, especialmente en las noches, pues a pesar del farol, alimentado con esperma, que existía a la mitad de la vía, la oscuridad era notable y pocos acostumbraban pasar por allí.
En el muro que, como se ha dicho, veía al Sur, después de las ventanas, bastante elevadas por cierto, de la casa ubicada al extremo oriente donde hace esquina la calle denominada del Serafín (ahora calle de Fray  Juan de San Miguel), existía una herrería en una cochera antigua, y en la serie de accesorias que terminaban en el extremo occidental donde forma ángulo con la calle de  la Cruz (ahora tramo de la calle de Vasco de Quiroga) había establecidos inmundos lupanares, frecuentados por rameras de baja estofa, a quienes convenía, naturalmente la soledad que reinaba en el callejón.

Pintura de Mariano de Jesús Torres, en el extremo
izquierdo se observa como era el callejón antes
del derribo del muro norte del convento

A raíz de la Independencia, habitaba la casa que, como se ha dicho formaba esquina con la Calle del Serafín, un viejo español bastante acaudalado; pero de costumbres muy severas, pues no era casi visitado por alguien, muy poco se le veía en la calle y cuando salía iba cobijado hasta los ojos con una capa española de fino paño negro y cuello de nutria.
Enemigo acérrimo de los insurgentes por ser adorador fanático del Rey Fernando VII, odiaba de muerte a los que habían combatido para destruir el gobierno colonial para implantar libertad.
Vista actual del Callejón del Muerto
Había sido casado con una hermosa mexicana, de cuyo matrimonio hubo una hija, tan bella y simpática como la madre; esta falleció al poco tiempo, quedando la niña a la merced y cuidado de una criada antigua que crió a la linda criolla con una solicitud y cariño verdaderamente maternales. Así se desarrolló y creció, siendo un prodigio de gracia y hermosura, por lo cual era idolatrada por su padre que veía en ella su más rico tesoro.
La referida joven, aún cuando respetaba las ideas monárquicas de su padre, nunca llegó a formarle sobre esto la más leve contradicción, sentía una atrayente simpatía por la causa que habían defendido los insurgentes, y leía con suma complacencia cuanto se escribía en alabanza de los caudillos que habían libertado a México del yugo extranjero.

En las filas de Morelos había peleado con valor y entusiasmo un joven, oriundo de esta ciudad, llamada entonces Valladolid, se había encontrado en todos los hechos de armas en que el intrépido cura de Carácuaro había conquistado más de una vez los lauros del triunfo.
Cuando después del desastre de las lomas de Santa María, y del fusilamiento del Héroe Matamoros, el caudillo de Cuautla fue hecho prisionero y fusilado después en San Cristóbal Ecatepec, el jóven insurgente se fue a unir con el fiel patriota Vicente Guerrero y sostuvo en las montañas del Sur el sagrado fuego de la libertad, hasta que Iturbide, poniéndose de acuerdo con aquel valiente general, proclamaron Plan de Iguala, enarbolando el pabellón de tres colores.
Al frente del ejército libertador entró a México, el memorable 27 de Septiembre de 1821, coronado de gloria y con la inmensa satisfacción de haber hecho independiente a su patria.
No teniendo ya objeto su permanencia en la milicia, y atraído por el amor a la tierruca, volvió a esta ciudad, a entregarse a la vida privada, subsistiendo de su trabajo personal en el comercio.
Conoció a la hermosa criolla de que antes se ha hablado; simpatizaron ambos jóvenes y se estableció entre ambos una amorosa correspondencia.
El viejo español que no había ni pensado siquiera que su hija pudiera prenderse de un hombre humilde y sobre todo de ideas antimonárquicas, proyectaba casarse, llegada la edad, con alguno de tantos gachupines como había entonces en esta ciudad.
Grande fue su ira, tremenda su indignación y furioso su coraje cuando llegó a apercibirse de los amores de su hija con el ex-insurgente, y tronando de enojo, la hizo comparecer ante sí, y le previno de la manera más terminante que prescindiera de tan viles amoríos.
Una placa de nomenclatura que recuerda
el acontecimiento ocurrido en esta
la Calle del Muerto.
La jóven aun cuando oyó con respetuoso silencio las prevenciones de su padre, no dejó las relaciones con su novio; participó a este lo que había pasado, y entonces coordinaron que sus visitas se verificarán al peso de la noche, saliendo ella por una de las ventanas que daban al callejón supradicho, donde la esperaría su apasionado galán; la soledad y desierto del sitio contribuyeron al buen éxito de sus proyectos, y nadie llegó a percibirse de aquellas misteriosas entrevistas.

Pero...el diablo que no duerme vino a entrometerse y en la forma de vieja bruja soplona; una noche acercóse al oído del irascible y celoso peninsular quien después de escuchar, montó en cólera y con odio africano concibió un siniestro plan...
Pocos o nadie supo a detalle el desarrollo de lo acontecido...
Cierta mañana, casi al mismo tiempo que la campana mayor de la Catedral sonaba las doce del día, la pesada puerta de uno de tantos conventos que había en Valladolid se abría para dar entrada a una futura monja.
Entre tanto el callejón de nuestra  historia, como narramos, era estrecho y sombrío, alumbrado solamente con la mortecina flama de aquel mísero farol; estaba todo embaldosado y durante las noches de lluvia ofrecía un aspecto tétrico y sobrecogedor.
Un día el callejón dejó de ser escenario de aquel romance y noches después un asustado transeúnte se encontró sobre las húmedas baldosas del callejón un cadáver horriblemente destrozado e iluminado apenas por la pálida luz de una farola.
Nunca se pudo averiguar el nombre del difunto, menos aún el nombre del victimario, y los habitantes de Valladolid dejaron de transitar por dicho lugar durante las noches, no solo por el misterioso asesinato que allí se cometió, sino también por el miedo que les infundía la presencia del panteón.
Los contados trasnochadores que se aventuraban a pasar por el oscuro callejón, aseguraban que los asustaba el ánima de un muerto.
Por esa razón los habitantes de Valladolid bautizaron el mencionado sitio con el nombre del"Callejón del Muerto".
Ya en la época de la Reforma derribaron la barda que circundaba el panteón de San Francisco desapareciendo automáticamente el famoso callejón.

Mariano de Jesús Torres, año de 1912.

Actualmente el callejón del Muerto se encuentra en la calle de Fray Bartolomé de las Casas, entre las calles de Vasco de Quiroga y Fray Juan de San Miguel; a un costado de la plaza Valladolid o de San Francisco.
Y es así cómo les presento una de las muchas variantes que existen sobre el origen del Callejón del Muerto, sin duda uno de los lugares más misteriosos de nuestra ciudad. Por si algún valiente quiere comprobar si aún deambula por ahí el ánima del difunto enamorado hágalo y comparta su experiencia, quizá el muerto de este callejón siga aguardando algún caminante nocturno a quien hacerle parte de su misteriosa presencia....Como la leí se las comparto.



2 comentarios:

  1. La desaparición del Callejón del Muerto tuvo una curiosa consecuencia en el diseño de la Plaza Valladolid que hizo el Ar. Manuel González Galván: Una vez demolido el antiguo Mercado y recuperados los niveles originales (aproximados) y el terreno nivelado, procedí a realizar el trazo de la Plaza, obviamente determinando el centro y trazando la fuente monemental que diseñó, magistralmente, Gonzáles Galván. Al iniciar los trabajos de excanación para cimentar la Fuente, encontré unos antiguos cimientos, de piedra y lodo, de una fuente o pila, de forma octogonal y de MEDIDAS IGUALES A LAS DEL PROYECTO DE MANUEL, pero desplazados en aproximadamente 1.5 metros (no tuve el cuidado de medirlo). ?Cómo interpretar el hecho que coincidían en forma y medida, pero con ese dezplazamiento? Se lo comuniqué al Arq. M.G.G., vino a Morelia ese fin de semana y analizamos y fotografiamos los cimientos. A pregunta mía Manuel me dijo: En el espacio abierto donde se hizo el Panteón Franciscano alguien proyectó una fuente o pila y lo hizo utilizando "ls Regla Áurea", que yo utilicé para pproyectar la Plaza......respecto a la diferencia de ubicación...."él o yo cometimos un error". Pocos días después cayó en mis manos un plano antiguo de Morelia donde vi la existencia de ese Callejón del Muerto, lo que significa que el espacio de que dispusieropn Manuel González y quien proyectó la del panteón......NO ERAN IGUALES .....de allí la diferente ubicación.......Es un hecho que, aunque intrascendente, dela ver que ambos proyectistas concían, al dedillo, los "Diez Libros de la Arquitectura", escrito por Vitruvio en el Sihlo 1 a.C.

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    1. Datos muy interesantes y que mejor que sean contados por un testigo de cada uno de esos detalles.

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